Ángeles llegan de Austin (Texas, EEUU) y cambian sonrisa a niños guatemaltecos

Ángeles llegan de Austin (Texas, EEUU) y cambian sonrisa a niños guatemaltecos

La puerta se abrió de golpe e interrumpió la rutina de terapia de arte a cargo de Teresa Cox con tres humildes mujeres guatemaltecas cuyos hijos estaban en el quirófano. Quien apareció fue un joven médico y sus ojos azules transmitían luz en la pequeña sala.

Con poco español preguntó por la “mamá de Mayra”. Ella ya había vuelto la mirada hacia la puerta y de inmediato se encontró con la sonrisa del médico estadounidense, Mahlon Kerr. Algo dijo en inglés, pero la luz en sus ojos confirmó a la madre de Mayra, paciente de pocos meses de edad, que la intervención había culminado con éxito.

Ella casi no pudo pronunciar palabra. La paz había llegado a su corazón. El temor se disipó y, con lágrimas, sus ojos pusieron fin a la angustiosa espera. Kerr entonces volvió con su pequeña paciente y unos minutos después regresó junto a enfermeras que traían a Mayra para entregarla en los brazos de su madre. La bebé lloraba, pero todos sonreían emocionados.

Cox y Kerr son parte de un grupo de 45 voluntarios, entre cirujanos, cirujanos plásticos, terapistas, anestesiólogos, enfermeras, intérpretes y logísticos. Pertenecen a Austin Smiles, una organización sin fines de lucro que fue creada hace 31 años en esa ciudad del estado de Texas. Se especializa en cirugías de labio y paladar.

Vienen a Guatemala una vez al año, desde hace siete años. Esta vez esperan atender a unos 40 pacientes, aunque el número de operaciones es mayor, porque algunos requieren dos intervenciones como consecuencia de la relación entre el labio y paladar con otros órganos, como los casos de rinoplastia (respiración). En algunos casos también se opera la mandíbula, explica Cox.

Cox ofrece las explicaciones en medio de la rutina de arte con las tres madres sentadas en una mesa a quienes ha proveído de temperas y algodones para pintar. “Retírese de su cabeza y viaje hacia su corazón”, son algunas de sus instrucciones.

El encuentro de los niños que sufren de esta condición con un cambio real en su vida ocurre en el Centro Moore, en esta capital. Mariela Paiz, del Centro Moore explica que se trata de una organización no gubernamental que se dedica todo el año a ofrecer apoyo a familias necesitadas en cirugías de diversa índole para sus hijos. Explica, por ejemplo, que la semana anterior se atendieron casos de otorrinolaringología y en noviembre se tiene programado atender a pacientes de ortopedia, siempre a cargo de grupos de médicos que vienen del extranjero, pero también de equipos de especialistas guatemaltecos.

El Centro Moore se encarga de todo el proceso de evaluación, selección y preparación de los pacientes, para que los grupos de médicos que llegan del extranjero encuentren todo listo.

Cox explica que Austin Smiles también atiende jornadas de labio y paladar en México y El Salvador, y que buscan crear una segunda misión en Guatemala, país donde se estima que anualmente nacen unos 1.000 niños con esta malformación.

Para ello están tratando de conseguir apoyo empresarial. “Necesitamos apoyo del empresariado”, expresa, indicando que están creando lazos con la Cámara Guatemalteco Americana de Comercio (Amcham) y con la Asociación de Rotarios, pero también con empresas “americanas o no americanas”.

Explica que sus misiones a estos tres países se realizan con fondos totalmente recolectados en Estados Unidos a través de obras de beneficencia, eventos y donaciones corporativas. Los médicos donan su tiempo. Los fondos que recaudan les permite cubrir el costo de transporte aéreo y hotel y la organización trae su propio equipo y medicinas.

“Muchos no son atendidos”

Cox explica que la inspiración de Austin Smiles es poder ayudar a los seres humanos que lo necesitan y aportar “un grano de arena”, con “la vocación de ayudar a la gente” por “el compromiso de saber que hay una tremenda necesidad” y “muchos niños no son atendidos”.

Advierte que la malformación del labio y paladar afecta al niño, a la comunidad y al país porque trunca la oportunidad del niño y su familia a tener una vida plena, limitando el acceso a la escuela y el trabajo, al igual que a sus padres.

“Hay muchos prejuicios. Los niños son aislados y objeto de burla, en la calle. Eso afecta la salud mental del paciente y de la familia. Lo que queremos es poner un grano de arena para que algunos de estos niños puedan recuperar una vida normal y saludable. Darle a un niño la oportunidad de que pueda tener una vida plena”, dijo.

Fuente fotografía: https://agn.com.gt

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