DATOS HISTORICOS DE TGW  “LA VOZ DE GUATEMALA”

 

Ha habido dos épocas en la historia de la vida humana, en las que el conocimiento humano, se ha disparado, como si una mano gigantesca hubiese colocado un dique a su inteligencia y, al abrir sus esclusas, éste surge a incontenibles borbotones.  El primero de ellos fue el Renacimiento en los años del siglo 16 y el milagro nuevamente se da a principios del Siglo 20.  La gran diferencia entre ambos, es que para esta última era, existía un nuevo tipo de energía que fue el que impulsó lo que fueron los motores del progreso.  Nos referimos a la Energía Eléctrica, que para entonces, ya se había domesticado, aún, cuando todavía estaban perfeccionándose los medios para hacerla aún más poderosa.

 

De esa cuenta, el doctor Deforest, valiéndose de los conocimientos de científicos que le precedieron, en 1906, inventa el primer tubo de radio que llamó Audion, base y fundamento de la radiodifusión, por lo que se le nombró el padre de la radiodifusión. Al año siguiente, el mismo personaje “instaló en Nueva York, el primer transmisor capaz de radiar al espacio la voz humana, a una distancia de 40 quilómetros.  En 1908, el mismo científico montó sobre la torre Eiffel de París, un transmisor de radiotelefonía, con un alcance de 800 quilómetros.  No obstante que ya funcionaban estas Emisoras, solo eran captadas por los aficionados que construían sus propios receptores, pues éstos no se fabricaban comercialmente.

 

“La primera guerra mundial paralizó la radiodifusión hasta el año 1916, cuando el doctor David Sarnoff, concibió la idea de fabricar receptores para el Público.  Pero ésta obtuvo su mayor éxito, cuando la Westinhouse de los EE.UU. instaló la primera radiodifusora que transmitía programas regulares. Fue tal el entusiasmo del público de aquella nación por escuchar estos programas, que en 1922 la RCA Víctor había vendido 150 mil aparatos receptores.

 

“La Radio fue la  gota de aceite sobre el agua, cuya mancha empezó a expandirse a todo el mundo, pues tres o cuatro años después, surgieron los primeros aficionados guatemaltecos

en la recepción de radio empleando aparatos de fabricación casera, circuitos regenerativos por múltiples batería secas y electrolíticas y cuando ya se tenían armados aquellos curiosos aparatos que a veces medían hasta 2 metros de largo, sujetos a largos conductores, se aplicaba la bocina, o se conectaban varios pares de audífonos, los cuales eran disputados por los familiares y amigos de nuestros aficionados, y después de mover docenas de botones y bobinas, se escuchaban fuerte silbidos, hasta que al fin, se percibía imprecisamente la música desarticulada de un Jazz.  Era ese el momento culminante y las felicitaciones se multiplicaban para nuestros aficionados…

 

“En 1930, siendo don Julio Caballeros hijo, director de radio y jefe de la estación radiotelegráfica que efectuaba servicio mundial de radiogramas, concibe la idea de construir una radiodifusora, cuestión que comunica al director general de Telégrafos, don Ladislao Guerra, quien acoge la idea con entusiasmo, prometiendo apoyo. Al mismo tiempo obtuvo la autorización del presidente de la República, general Lázaro Chacón, quien demuestra gran entusiasmo, ofreciendo enviar al exterior a don Julio Caballeros hijo, a perfeccionarse en esa materia.  Con entusiasmo se entrega don Julio a aquel proyecto.  Pero en el incipiente medio guatemalteco, había muy pocos elementos, por lo que hubo necesidad de fabricarlos en casa, y así fue como el mecánico-maquinista Ismael Contreras y don Julio Caballeros hijo, proceden a la confección de condensadores variables, empleando sartenes y bandejas de aluminio, bobina con tubos y cintas de cobre, transformadores quemados de la Empresa Eléctrica, que enrollaron con miles de vueltas de alambre de fino calibre.

 

Finalizados los generadores, fueron acoplados a motores eléctricos por medio de fajas y poleas. Todas las bobinas de reactancia, fueron construidas con botellas vacías a falta de formas cerámicas. Luego de trabajar durante meses, dieron los toques finales a las futuras emisoras de ondas largas y cortas, las cuales estaban destinadas a difundir por primera vez la música, el canto y la palabra de nuestros artistas nacionales.  Faltaba sin embargo el emocionante  e histórico momento de comprobar el funcionamiento de lo construido.  Fue así como una noche, a avanzadas horas, se hizo funcionar los motores, y tomando toda clase de precauciones y parado sobre un tablero de madera, fue aplicada la alta tensión.  Instantáneamente brotaron chispas de bobinas y condensadores, formándose arcos que iluminaban intensamente el improvisado laboratorio. ¡Había fallado aquel primer intento!  Pero era el primero. Inmediatamente fue desconectado el ‘switch’ de emergencia, procediéndose a corregir las fallas y por segunda vez -aunque con algo de temor- fue aplicada la alta tensión y esta vez, ¡los aparatos funcionaron correctamente! iluminando una bombilla de 150 vatios, la cual aumentaba en brillantez a medida a afinaba los ajustes. Acto continuo, fueron conectados los aparatos con sus respectivas antenas, comprobando por medio de los amperímetros térmicos, que en esos momentos estaban radiando 100 vatios de potencia efectiva por cada transmisor. La impaciencia producida por en entusiasmo, le hizo efectuar la primera prueba a distancia y colocando el emisor de onda corta en la banda de aficionados, obtiene comunicación telegráfica de dos aficionados de EE.UU. A última hora se da cuenta de que tenían una Emisora más no un micrófono. En Guatemala como es natural no existían.  Habría que construir uno. Luego de pensarlo varias veces decidió solucionar el problema, fabricando uno en casa para lo cual adquirió en la Central de Teléfonos automáticos, seis cápsulas telefónicas que fueron acopladas en paralelo sobre una tabla cuadrilátera de tres capas. Montó el original micrófono sobre un pedestal compuesto de una varilla de latón brillante y una base de madera torneada. Habiendo comprobado el correcto funcionamiento del flamante micrófono, se dispuso a escuchar una prueba, para lo cual, improvisando un corto programa que corrió a cargo de sus radio-operadores Eduardo Barrios G., quien se acompañó de la guitarra, y cantó algunas composiciones folklóricas y el poeta Francisco Bonilla-Ruano recitó algunos poemas de su cosecha. Como locutor actuó don Julio Caballeros. Aquel primer experimento, fue exitoso, pues por la vía telegráfica, reportaron esta prueba don Alfredo Gemell de Amatitlán y don Mario Penedo Clavel, indicando ambos haber escuchado con suficiente claridad y volumen.

 

“De mutuo acuerdo con el director general del radio, don Ladislao Guerra, y con la autorización del presidente Chacón, se fijó la fecha de inauguración de la primera Emisora del país, y con la debida anticipación, se efectuó la propaganda de prensa y se dio aviso a los representantes diplomáticos de la época acreditados en el extranjero.  Fue así como la noche del 15 de septiembre de 1930, siendo las ocho de la noche, se pusieron al aire las emisoras T.G.W., desde sus estudios improvisados en el edificio de la estación inalámbrica, antiguos almacenes de Fomento.

 

“Taxis amarillos, recién inaugurados en la ciudad, desde las siete de la noche, empezaron a transportar a los artistas que esa noche actuaban por primera vez en una emisora.  Dichos artistas se hicieron acompañar de familiares y amigos.  Momentos mas tarde, había en los estudios una concurrencia numerosa, examinando con curiosidad aquellos raros y complejos aparatos que llevarían sus manifestaciones artísticas a los hogares guatemaltecos y del exterior.

 

Había expectación, principalmente entre los artistas, quienes poseídos de temor y nerviosismo, preguntaban acerca de cómo debían actuar frente al micrófono.  A cuántos metros debían de colocarse, y si podrían respirar frecuentemente.  Otros, si debían colocarse de frente al ‘micro’ o en ángulo recto.  Las damas que, pese a su experiencia en escenarios, harían su debut en radio esa noche, improvisaron un tocador, en donde retocaron su maquillaje, haciendo reparaciones de última hora a su peinado.  Momentos antes de principiar el programa de inauguración, a las 8 en punto don Julio Caballeros, ordenó telefónicamente al maquinista Ismael Contreras, que arrancara los motores y al conectar el switch principal, una luz roja indicó que la Emisora estaba en el aire y sobre la puerta principal del estudio se iluminó un letrero, en el que se leía Silencio, en el aire Acto continuo, hizo uso del micrófono, exponiendo que en ese momento quedaba inaugurada la radiodifusora nacional T.G.W. en la ciudad de Guatemala, país de la eterna primavera y productora del mejor café del mundo, dedicando dicho acto al presidente de la República, general Lázaro Chacón y a su

digno colaborador don Ladislao Guerra, director General de Telégrafos. Actuaron como locutores don Federico Gonzáles Campo y Jorge Toriello en español e inglés respectivamente.  El programa se desarrolló en la forma descrita al día siguiente por el señor Gonzáles Campo, que en su carácter de jefe de redactores del diario “El Tiempo”, hizo una descripción en la edición del periódico el 16 de septiembre de 1930.” La Radiodifusión pues, había nacido en Guatemala, y con nuestro país, en Centro América.

 

LA ÉPOCA DE ORO DE T.G.W.  “LA VOZ DE GUATEMALA”

 

Desde la primera transmisión radial realizada en territorio centroamericano en el año de  1930, todo sonido  estaba relacionado con la mayor expresión de la cultura, pues queda dicho que fueron escuchados poemas salidos de la pluma de don José Bonilla Ruano, conocido literato nacido en estas tierras y, música seria, interpretada por voces maravillosas del bell canto acompañadas musicalmente por verdaderos maestros y cultivadores de la más alta expresión del canto.  Quizás sin proponérselo aquellos primeros hombres de radio, empezaron como la cosa más natural, lo que ahora algo casi extraordinario: Los programas “vivos”.

 

Corrían los años de la presidencia del general Jorge Ubico, cuando fue nombrado director de la emisora el ingeniero Luis Shlesinger Carrera, quien siguiendo la línea con que inicialmente surgió la Emisora, fue organizado el trío “Cuellar-Archila-Granados”, que integraron músicos de altísima calidad, como lo fueron los maestros Augusto Cuellar, Andrés Archila y Antonio Granados, quienes interpretaban música de cámara, con los también excelentes maestros Raúl Paniagua, Henrich Joahin y Gastón Pelegrini. Aquellos eran programas de radio, que se realizaron cuando en los años de 1937, la Emisora estaba instalada ya en el tercer piso de la Tipografía Nacional, en estudios especialmente construidos para ella según decisión presidencial del General Jorge Ubico, quien dio especial atención a la Radio.  La entrada a la Emisora, se hacía en aquella época por la puerta del garage  que da al entonces Callejón “Concordia”, 6ª “A”avenida y actualmente TGW Radio Nacional, y se subía por una escalera de duro granito totalmente alfombrada hasta el estudio de “cristal”.  Aquellos eran verdaderos conciertos, a los que asistían altos funcionarios de estado, si no, miembros del cuerpo diplomático acreditado en Guatemala. Las damas lucían largos vestidos de gala, mientras que los caballeros lo hacían con trajes de etiqueta, como si estuviese asistiéndose al estreno una ópera.

 

De lo anteriormente detallado, ha transcurrido mas de media centuria, en el cual la Radio ha evolucionado en el aspecto técnico, porque de aquellos años a la actualidad, hay una diferencia abismal en ese sentido, dándose una situación similar en la calidad del producto transmitido, pues si en aquellos primeros años, quienes hicieron Radio, se preocuparon del aspecto artístico y cultural, en la actualidad, se tienen parámetros distintos de lo que son cultura y arte, degenerándola a grado tal, que solamente el nombre comercial de algunas emisoras, dan idea del contenido que ofrecen al público. Uno de estos ejemplos: La radio “La Sabrosona” ¿Qué puede esperarse detrás de nombre tal? juzguen aquellos que la escuchan, que seguramente afirmarán positivamente. Pero, ¿somos en Guatemala un pueblo inculto? de ninguna manera pero, sí seremos juzgados por las transmisiones diarias de algunas emisoras, que necesariamente nos dejarán mal parados” ante público de otros países.

 

En las letras destaca un Nobel de Literatura, cuando países mayores en territorio geográfico, tuvieron que esperar más de diez años para obtenerlo.

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