FAMILIAS RURALES MEJORAN SU NUTRICIÓN AL TRANSFORMAR RECETAS TRADICIONALES

El tamal y el ponche son platillos tradicionales de la época de fin de año y que ahora se han convertido en importante fuente de nutriente gracias al apoyo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) a través de los Centros de Aprendizaje para el Desarrollo Rural (CADER). Estos platillos permiten mejorar la seguridad alimentaria, la economía familiar y el uso de los recursos locales.

Las educadoras para el Hogar Rural del MAGA han capacitado a las familias con el fin de innovar las recetas, sin perder el sabor característico, pero si incorporando moringa, harina de maíz y soja.

Las nuevas recetas permiten a las familias reducir costos, porque la moringa, el tomate, el maíz y algunas de las frutas son cultivadas en huertos familiares o comunales a cargo de las mismas familias. Esto permite a las beneficiarias invertir en otros insumos o alimentos que permiten garantizar la seguridad alimentaria.

Yadira Solís, Educadora para el Hogar Rural de Pueblo Nuevo, Suchitepéquez, explica que las harinas permiten mantener el delicioso sabor y aportan las vitaminas necesarias a niños y adultos con problemas de desnutrición.

El ponche de frutas también se ha convertido en una fuente de vitaminas tras la modificación de su receta, ya que se ha incluido entre sus componentes a la moringa y la hoja de chaya, productos que también son cultivados por quienes preparan esta bebida característica de diciembre.

Actualmente decenas de familias capacitadas se han convertido en emprendedoras y venden sus alimentos fortificados, principalmente los tamalitos blancos y los chuchitos, con alto contenido de vitamina A, calcio, ácido fólico, zinc, hierro y vitamina B.

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